15 victorias consecutivas, 80.000 espectadores en las gradas y un gol en el primer minuto. El Real Madrid tenía todo a su favor para terminar con su mala racha en Liga contra el Barcelona. Sin embargo, el miedo escénico volvió a afectar a los hombres de Mourinho, incrédulos ante la posibilidad de dar un golpe de efecto a la Liga. Los “bajitos” del Barça, en cambio, siguieron a lo suyo: tener la posesión del balón hasta desesperar al rival; y, poco a poco, la frustración llegó y el equipo de Guardiola se llevó los tres puntos del Bernabéu. Una vez más.

Xavi, Puyol y Piqué celebran la victoria del Barça (Getty / Denis Doyle)
El Real Madrid de Mourinho llegaba al clásico en el mejor momento de la temporada. Ya no quedaba rastro de las derrotas de comienzos de temporada y estaban a un solo paso de batir el récord de 15 victorias consecutivas, que habían igualado el miércoles en Ámsterdam. El equipo blanco soñaba con terminar, esta vez sí, con un periodo de más de tres años sin ganar al Barça en el Bernabéu. Un objetivo que se ha convertido ya en una obsesión.
No faltaban razones para la ilusión. El Barça no era el mismo fuera de casa, su balance lo corroboraba: dos victorias, tres empates y una derrota. Y el Real Madrid estaba lanzado a por la Liga. Y así empezó el partido. El equipo de Mourinho salió a presionar arriba y el Barcelona, de forma inexplicable, sacó de centro y avanzó hacia su propia portería. Fue el primer error de una larga lista que terminó con el balón en las mallas y con unos aficionados enloquecidos, incapaces de creer lo que estaba ocurriendo.
Pero, ahí comenzó la debacle madridista. Tampoco los jugadores blancos se creyeron que el marcador estaba a su favor y que el conjunto blaugrana aún estaba de paseo por la Castellana. Pese a ello, continuaron con la presión asfixiante, esperando otro error como el de Valdés en el primer gol. Sin embargo, el guardameta no se puso nervioso y siguió sacando la pelota en corto, una actitud muy valorada por Guardiola en su rueda de prensa que provocó que el Real Madrid empezara a pensar más en conservar el resultado favorable que en aumentar la renta.
Cristiano Ronaldo, no obstante, tuvo la oportunidad de ampliar la ventaja en una ocasión de gol muy clara que desperdició con un tiro desviado. La peor opción posible de una jugada en la que Di María se encontraba solo para culminar una acción que pudo marcar el partido. Unos minutos antes, Messi ya había sembrado el miedo en la grada con un disparo que Casillas paró de forma magistral.
No era el día de ambas estrellas o, al menos, el de marcar goles, porque, mientras el madridista desaparecía en medio de la nube madridista, el jugador argentino creó una jugada de la nada. Superó en un eslalon a Özil, Lass y Xabi y dio un pase preciso al desmarque de Alexis. El chileno aprovechó su velocidad para acercarse al área rival y, con un disparo cruzado, puso las tablas en el marcador. Un resultado que tranquilizó al equipo de Guardiola para seguir con su plan de manejar el balón para desgastar al rival y que fue un duro golpe para los madridistas que, hasta ese momento, solo habían visto peligrar el marcador en la ocasión de Messi.
Se llegó al descanso con empate a uno. Comenzaba un nuevo partido de 45 minutos y, esta vez, el mejor fue Andrés Iniesta. El manchego, que había estado desaparecido en la primera mitad, hizo acto de presencia en el partido como mejor sabe, con la pelota en los pies. El Barça fue dueño de la pelota en la segunda parte y el Real Madrid se descompuso.
El segundo gol del Barça fue clave en el devenir del partido. El equipo de Guardiola salió con la intención de conservar la posesión y de acercarse más al área rival pero las ocasiones seguían sin llegar. Corría el minuto 54 cuando Iniesta inició una jugada en el lateral del área, contactó con Alexis y el pase del chileno para Fábregas lo cortó Pepe. Parecía que el peligro había terminado pero Xavi golpeó el balón de volea y el rebote en Marcelo hizo imposible la estirada de Casillas.
El Barcelona había dado la vuelta al resultado con más acierto de cara a portería que fútbol. Pero el partido aún no había terminado. El equipo blanco intentó recomponerse del duro golpe del gol y, más a base de coraje que de buen fútbol, pudo empatar el partido. La ocasión fue, de nuevo, para Cristiano Ronaldo. Xabi Alonso, que se pasó más tiempo pendiente de cubrir las espaldas a los laterales que de generar juego de ataque, dio un pase maravilloso a la salida de un córner. El jugador luso sólo tenía que poner la cabeza y desviar el balón hacia la portería pero su cabezazo se marchó demasiado cruzado y la posibilidad del empate se desvaneció.
Unos minutos después, el Barcelona aprovechó un contraataque para sentenciar el partido. El lateral Daniel Alves centró un buen balón y Cesc Fábregas ganó la partida a Coentrao para cabecear su centro a la red. Era el premio a dos jugadores que, al cambiar su posición para generar superioridad en el centro del campo, ya se habían convertido en protagonistas del partido.

Cesc gana la acción a Coentrao y cabecea el último gol del partido (AFP)
Este último gol puso fin a un partido en el que el Real Madrid fue la sombra de lo que había demostrado a lo largo de la temporada. El Barcelona, por su parte, recuperó la confianza en el momento decisivo y, ya con el marcador a su favor, la sensación de superioridad, en unos 20 minutos finales en los que el equipo azulgrana se dedicó a esconder la pelota a su rival como si de un rondo se tratara.
Un final que recordó al de los anteriores clásicos en el Bernabéu. El Barcelona disfrutaba de la pelota y mientras, el Real Madrid seguía pensando en otra ocasión desaprovechada para terminar con la racha negativa ante los jugadores de Guardiola. Sin embargo, esta vez el Real Madrid, como dijo Mourinho tras el partido, tiene la oportunidad de terminar el año como líderes y de demostrar que, pese a la mala imagen durante gran parte del partido, la Liga sigue igual.
Vídeo de los goles del partido con audio de la cadena COPE (Dur: 3:59)
BORJA MALAINA














